Puedes reconocer una oficina por ese eco que te acosa, y sin ver al verdugo, sabes que tu asesino son todas las mujeres, sí, todas ellas que escriben con la yema de sus dedos. Esas mujeres que visten de blanco y desconoces las razones, pero agradeces que vistan con falda y usen colonia . Sí, también reconoces ese aroma a jazmín y lavanda de la señora que limpia los pisos. Pero eso no importa porque lo único que podrás notar serán esos molestos carteles que advierten reuniones posibles en horas o días, y sin embargo no interesa. Justo ahora estás sentado, frente al computador, intentando no escuchar el sonido de las teclas y la barra espaciadora cada dos segundos, y desearás no haber olvidado tus audífonos en casa de tu abuela.